Tensiones y cambios en el orden
internacional de post Guerra Fría.
Los desafíos para las relaciones
argentino-chinas en un contexto de
“policrisis”
Tensions and changes in the post-
Cold War era international order:
Challenges for Argentine-Chinese
relations in a context of “polycrisis”
Gonzalo Ghiggino
*
*
Aliacn institucional: Consejo Nacional de Investigaciones Cientícas y Técnicas (CO-
NICET) - Centro de Investigaciones y Estudios sobre Cultura y Sociedad (C.I.E.C.S.) Cór-
doba. gonzaloghiggino@outlook.com; ciecs@ciecs-conicet.gob.ar. ORCID 0000-0002-
8148-5374.
http://dx.doi.org/10.22529/sp.2025.64.02
STUDIA POLITICÆ Número 64 primavera–verano 2025 pág. 42–62
Recibido: 10/04/2025 | Aceptado: 13/05/2025
Publicada por la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales
de la Universidad Católica de Córdoba, Córdoba, República Argentina.
Resumen
Los cambios en el orden internacional presagian un mundo de tensiones,
donde tanto las grandes potencias como los países emergentes se ven afec-
tados de manera decisiva. El ascenso de China, las diferentes crisis (climá-
GONZALO GHIGGINO 43
tica, pandémica y bélica) y la falta de capacidad de respuesta por parte de
los Estados Unidos, alteran no solo a las relaciones internacionales, sino a
todo el sistema económico global. Las respuestas a esta situación de policri-
sis, por parte de las potencias en disputa, revela la naturaleza profunda del
conicto, que es el desafío de fortalecer las capacidades productivas y el rol
de la industria como de la tecnología para hacer frente a la creciente com-
petencia ante la reconguración productiva a nivel global. En un mundo
globalizado (productiva y nancieramente), las políticas públicas y el rol de
las capacidades estatales son fundamentales para el éxito o fracaso ante la
pérdida de competitividad y de mercados. En este contexto, más del ochen-
ta por ciento del comercio mundial es de manufacturas y China representa
el 30 por ciento de la producción industrial a nivel global. Para la Argentina,
se presenta el desafío de vincularse con la potencia en ascenso que es China
en un contexto de tensiones y cambios y, al mismo tiempo, llevar a cabo
políticas que le permitan desarrollar y fortalecer el entramado productivo
e industrial para insertarse con mayor fortaleza en la economía mundial.
Palabras clave: orden globalización policrisis China – Argentina
industria
Abstract
Changes in the international order portend a world of tension, where both
major powers and emerging countries are decisively affected. The rise of
China, the various crises (climate, pandemic, and war), and the United
States’ lack of response capacity alter not only international relations but
the entire global economic system. The responses to this polycrisis by the
disputing powers reveal the profound nature of the conict, which is the
challenge of strengthening productive capacity and the role of industry and
technology to confront the global competition and the reconguration of
production. In a globalized world (productively and nancially), public po-
licies and the role of state capacities are fundamental to success or failure
in the face of the loss of competitiveness and markets. In this context, more
than 80 percent of world trade is in manufacturing, and China accounts for
30 percent of industrial production. For Argentina, the challenge is to deal
with the rising power that is China in a context of tension and change, while
simultaneously implementing policies that allow it to develop and streng-
then its productive and industrial infrastructure to more fully integrate into
the global economy.
Keywords: order globalization polycrisis China Argentina In-
dustry
44 STUDIA POLITICÆ Nº 64 primavera–verano 2025
Introducción
E
n el Industrial Development Report 2024 de la Organización para el
Desarrollo Industrial de las Naciones Unidas (UNIDO) se destaca que
el mundo, a partir de 2020, está en un periodo de policrisis. Tal como
lo arma el reporte, el mundo se ha visto afectado por numerosas pertur-
baciones, entre ellas, la pandemia del COVID-19, un número creciente de
conictos armados y varias catástrofes naturales inducidas por el cambio
climático (UNIDO, 2024). Esta policrisis revela, a su vez, el agotamiento
del orden internacional de post Guerra Fría, que tuvo como características
al “unipolarismo” estadounidense y a la globalización económica. Al mismo
tiempo, pone en evidencia la importancia de China en el concierto interna-
cional, dado que el ascenso chino ha trastocado todo el espectro de la econo-
mía global y las relaciones internacionales. Lo relevante de este ascenso es
que fue posible gracias a un agresivo proceso industrializador llevado a cabo
desde 1978 con las primeras políticas de reforma y apertura. En este sentido,
las políticas económicas como las capacidades estatales en China fueron las
responsables, luego de cuarenta años, del éxito a la hora de industrializar el
país y posicionarlo como la segunda economía mundial (Ghiggino, 2021).
Como consecuencia, el principal polo productivo global pasó a tener su epi-
centro en el este de Asia y de esta manera, luego de cuatro décadas, la región
del Asia-Pacico desplazó al eje Atlántico europeo-norteamericano como
centro gravitacional de la economía mundial.
Tras el n de la Guerra Fría, la expansión del capitalismo y la globalización
productiva y nanciera tuvieron diferentes efectos entre aquellos países que
lograron insertarse como receptores/productores de este proceso y los que
no. El resultado de esto fue que, mientras algunos países se industrializaron
fuertemente y ganaron cada vez más peso en la economía mundial, otros
países transitaron por un proceso de desindustrialización, al mismo tiempo
que otros con poca capacidad productiva apenas pudieron incorporarse a este
proceso globalizador. Esta transformación económica generó una nueva red
comercial y productiva que a su vez tuvo impacto en las estructuras socioe
-
conómicas de los países favorecidos como perjudicados.
En este marco de crisis, competencia global y tensión comercial, analizare
-
mos los vínculos argentino-chinos considerando, primero, el orden interna-
cional, luego, su crisis y, nalmente, los desafíos para las relaciones entre
Argentina y China. Dado que el elemento central del estudio es la recongu-
ración productiva a nivel global y el impacto del desarrollo económico, este
GONZALO GHIGGINO 45
análisis se aborda desde una mirada conceptual donde los términos como
Estado y desarrollo productivo/industrial son claves. Por lo tanto, para abor
-
dar desde una perspectiva productivista/desarrollista, se tomarán elementos
teóricos conceptuales del estructuralismo y el “neoestructuralismo” ya que,
el estructuralismo primero y posteriormente el neoestructuralismo, sentaron
las bases teóricas para el desarrollo en América Latina (Di Filipo, 2017).
En esta línea, el estructuralismo aborda los cambios en la economía mundial
a partir de la evolución contemporánea del capitalismo en la fase de globa
-
lización/mundialización y regionalización. Utiliza el concepto de globaliza-
ción como categoría analítica para identicar el proceso económico global
que da cuenta de las nuevas formas asumidas por la acumulación capitalista
(Bielchowsky, 2009). Según el neoestructuralismo, esta acumulación genera
-
da a partir de la crisis de los años setenta se caracterizó por la cartelización, la
concentración oligopólica y la monopolización, con predominio del capital
nanciero sobre el capital industrial y productivo; por otro lado, se deja el
concepto de globalización para entender lo dicho como el complejo de ideas
que se integran en una concepción particular del mundo y que no existía en
etapas anteriores del capitalismo histórico (Bielchowsky, 2009).
En este marco teórico conceptual, consideramos que el proceso de industria
-
lización de China, su acumulación capitalista y su consecuente expansión
comercial, tuvo un impacto transformador en la economía mundial, lo que
desencadenó una reacción de la potencia hegemónica, los Estados Unidos,
y generó un quiebre en el orden internacional de post Guerra Fría con con
-
secuencias profundas para los países en vías de desarrollo. En este sentido,
la industrialización y la competencia tecnológica juegan y jugarán un rol
fundamental en la reconguración del orden internacional resultante y pro-
fundizarán las tensiones entre las dos potencias, lo que deja poco margen de
maniobra para los países emergentes como la Argentina a la hora de vincu-
larse con la nueva potencia global que es China.
1. Una aproximación al orden internacional
Para interpretar el actual orden internacional en crisis, al que denominamos
de post Guerra Fría, lo abordaremos desde una interpretación sistémica. Po
-
demos interpretar al sistema internacional de acuerdo a como lo interpretan
Pearson y Rochester (2000), quienes lo denen como las relaciones que con-
guran los asuntos mundiales, concretamente, el escenario general en que
ocurren las relaciones internacionales en un momento dado. Por su parte,
46 STUDIA POLITICÆ Nº 64 primavera–verano 2025
Barbé (1995, p. 197) interpreta que “la estructura del sistema internacio-
nal es denida por la conguración de poder surgida de las relaciones entre
actores”. En este sentido, la estructura del sistema internacional “está con
-
gurada por las grandes potencias, ya que las mismas disponen del poder
estructural para dictar las reglas de juego” (Barbé, 1995, p. 198).
Por su parte, Oviedo (2023) sostiene que el sistema internacional es una es
-
tructura desconectada de poder regulada por el principio de coordinación. El
autor diferencia entre sistema y orden, y los procesos de cambios a los que
pueden sujetarse. Por ello, argumenta que es indispensable entender al siste
-
ma en movimiento, cuyas cuatro principales expresiones son: “los cambios
de sistema, los cambios en el sistema, los cambios de orden y los cambios
en el orden” (p. 26). Para Oviedo los órdenes “emergen como resultado de
la institucionalización de las relaciones políticas en el derecho. Es decir, el
poder de las naciones y los argumentos de estas para sostener la dominación,
congurados en acuerdos, tratados o instituciones políticas” (Oviedo, 2023
p. 26). Esto es importante entenderlo, no solo porque nos permite diferenciar
entre sistema y orden, sino porque nos da una dimensión de como la gober-
nanza global hace a un determinado orden.
El sistema internacional interestatal, que se origina con la paz de Westfalia de
1648 –y de ahí su denominación como “westfaliano”–, sentó sus bases con
el establecimiento de ciertos atributos correspondientes al Estado. Atributos
como las unidades territoriales, la población, el territorio y la soberanía le
otorgan al Estado la primacía en las relaciones internacionales. El sistema
westfaliano, en denitiva, es la base que permitió cierto equilibrio de poder
en Europa en los siglos XVIII y XIX.
Sin embargo, desde 1648 hasta la actualidad, el sistema internacional tuvo
períodos de continuidades y rupturas, por lo que maniesta un constante mo
-
vimiento según el equilibrio de poder se consolide o no. Estas continuida-
des y rupturas del sistema, fueron generadas por cambios profundos de los
órdenes establecidos. De esta manera, se ha periodizado según los grandes
acontecimientos disruptivos. Así, las Guerras Napoleónicas dieron origen
al orden europeo post 1815, la Primera Guerra Mundial provocó el adveni-
miento del período de entreguerras (1919-1939), en tanto que tras la Segun-
da Guerra Mundial surgió el orden bipolar que caracterizó a la Guerra Fría
(1947-1991). Finalmente, la caída del Muro de Berlín, en 1989, y la desapa-
rición de la Unión Soviética, en 1991, dieron lugar al orden unipolar con los
Estados Unidos como superpotencia.
GONZALO GHIGGINO 47
En este punto, en 2015, John Ikenberry decía:
Los Estados Unidos no es solamente un poderoso estado operando en un
mundo anárquico. Es el productor del orden mundial. A lo largo de las
décadas, y con más apoyo que resistencia de otros estados, ha creado un
orden internacional distintivamente abierto y basado en normas poco es-
trictas. Este orden –construido con los socios europeos y del Este asiático
en la sombra de la Guerra Fría y organizado alrededor del libre mercado,
alianzas de seguridad, cooperación multilateral, y comunidad democráti-
ca– ha proporcionado la base y la lógica operativa para la política mundial
moderna. Para mejor o peor, los estados en la era posterior a la Guerra Fría
han tenido que operar o evitar este orden extenso. (p. 133).
La existencia de un poder hegemónico con capacidad de determinar el or-
den internacional signicó la fusión de los intereses de la potencia he-
gemónica con las normas y valores impresos en dicho orden global. Así
y todo, por más que el poder de los Estados Unidos durante las décadas
mencionadas fue considerado unipolar, no signicó que tuvo una imposi-
ción total. En todo caso, este orden tuvo distintos grados de inuencia, tal
es así que potencias como China y Rusia, aun habiendo sido inuenciadas
por Washington, no se transformaron internamente en repúblicas liberales
tal como pretendía Estados Unidos
. De esta manera, el orden liderado por
Estados Unidos “tuvo un alcance parcial dependiendo del grado de involu-
cramiento de los distintos países” (Acharya, 2014 p. 2)
Por lo tanto, siguiendo a Acharya (2014), no podemos hablar de un orden
internacional liberal con hegemonía en todas sus dimensiones y en todas
las latitudes
1
. Tal como Acharya discute y replantea:
¿Hubo realmente un orden mundial hegemónico liberal estadounidense?
Si alguna vez existió, ¿cuáles fueron sus miembros, alcance y benecio?
Una de las armaciones sobre lo que realmente representó ese orden, hasta
dónde se extendió y los benecios que produjo, si bien no es infundada, es
selectiva y exagerada. El alcance de este orden ha sido más bien limitado,
1
El concepto “Americano” utilizado por Acharya (2014) hace referencia a los Estados
Unidos; el concepto en inglés acuñado por el autor es American World Order, abreviado en
su trabajo como AWO por sus iniciales. Si bien consideramos que el término americano no
es el correcto para denir a los Estados Unidos, sí respetamos y traducimos literalmente el
término utilizado por Acharya.
48 STUDIA POLITICÆ Nº 64 primavera–verano 2025
y su contribución poco consistente para los países en vías de desarrollo
(Acharya, 2014, p. 3).
No obstante, la globalización económica, que facilitó el incremento de po-
der de las compañías multinacionales, el sector nanciero y la relocalización
productiva, signicó, al mismo tiempo, la integración de la principal recep
-
tora de esa relocalización productiva, que fue China, a la economía mundial;
su incorporación a la Organización Mundial del Comercio (OMC) fue la
acción más trascendental en este contexto. La simbiosis económica con los
Estados Unidos, profundizada desde el 2001 y que el autor británico Niall
Ferguson denominara “Chimerica” (2009), será, al mismo, tiempo la géne
-
sis de la crisis del orden mismo. La expansión del mercado mundial con la
incorporación de China, potenció al mismo tiempo la división internacional
del trabajo, que no solo tuvo repercusiones en los países emergentes sino
también en los desarrollados. Será la crisis nanciera global de 2008 la que
marca un punto de quiebre denitivo en el orden global liderado por los
Estados Unidos. El avance chino en la economía mundial –que logra que la
potencia asiática se convierta en la segunda economía del mundo y la prin-
cipal exportadora de bienes–, y la pérdida de competitividad global nortea-
mericana –sumado al fuerte décit con China–, transformaron esta simbiosis
económica, hacia nes de la década del 10, en una rivalidad sistémica entre
Washington y Beijing.
2. Crisis y (des)orden internacional
Hacia mediados de la primera década del siglo XXI, el gobierno chino, cons
-
ciente del impacto global de su crecimiento económico, comenzó a delinear,
durante el gobierno de Hu Jintao (2002-2012), una nueva estrategia denomi-
nada “desarrollo pacíco”. La idea apuntaba a dar la imagen al mundo de que
el desarrollo y ascenso de China como potencia, a diferencia de las potencias
occidentales, era pacíco. Henry Kissinger, en su obra titulada World Order
(2014), considera los impactos y sus consecuencias en el tiempo sobre la
caída y el retorno de China,
El drama del encuentro de China con el Occidente desarrollado y Japón
fue el impacto de las grandes potencias, organizadas como estados expan-
sionistas, en una civilización que inicialmente vio las trampas del estado
moderno como una degradación. El “ascenso” de China a la eminencia
en el siglo 21 no es nuevo, pero restablece patrones históricos. Lo que es
GONZALO GHIGGINO 49
distintivo es que China ha regresado como heredera de una civilización an-
tigua y como una gran potencia contemporánea en el modelo de Westfalia.
Combina los legados de ‘Todo bajo el cielo’
2
, la modernización tecnocráti-
ca y una búsqueda nacional (Kissinger, 2014, p. 220).
Esta idea del “retorno” chino se reforzó tras la crisis desatada en Wall Street
en 2008. De esta crisis, surgida en el seno del capitalismo neoliberal, la eco-
nomía china no solo logró salir indemne, sino que también sus inversiones
en el exterior experimentaron un crecimiento exponencial sobre todo a partir
de 2009/2010. Durante estos años, las empresas locales no enfrentaron una
crisis crediticia gracias al sostén estatal, lo que sumado a la falta de com-
petencia extranjera les permitió ganar terreno y expandirse por el resto del
mundo (De Vuele y Bulke, 2010).
Esto tuvo un doble efecto. Por un lado, mostró la resistencia del denominado
modelo chino
3
a la crisis del capitalismo nanciero, lo que dio lugar al con-
cepto de capitalismo de Estado-dirigido que comienza a ser observado como
más eciente. Asimismo, fue clave en la propagación del modelo como guía
a imitar, principalmente entre los países en vías de desarrollo que experimen-
taron una fuerte caída en los indicadores económicos al seguir la receta de
los países desarrollados de occidente. Por otro lado, el efecto directo del co-
mercio y las inversiones chinas, que sostuvieron a las economías del mundo
en vías de desarrollo y logró reducir el impacto de la crisis en estos países,
puede ser considerado como el debut de China en la economía global como
actor responsable e indispensable.
No obstante, una vez superada la crisis, surgió la necesidad de canalizar ha
-
cia afuera las grandes sumas de dinero que el gobierno chino inyectó en
el mercado local para evitar los efectos de dicha crisis, sobre todo en los
proyectos de infraestructura e industria pesada. Al mismo tiempo, dada la
necesidad de competir globalmente y aanzarse en el exterior, el gobierno
comenzó a inyectar capital a los bancos e instituciones nancieras para que
las empresas chinas ganen contratos fuera del país. Es en este contexto, que
Xi Jinping lanzará en el año 2013 la Iniciativa de la Franja y la Ruta. Así, el
gobierno chino comienza a dar muestras de una política exterior más aser-
2
En referencia al término en chino que es Tianxia (天下). Signica que hay un orden basa-
do en jerarquías donde todos tienen lugar y China un rol central.
3
Por modelo chino se reere al sistema político y económico donde el rol del Estado es
determinante en el rumbo de la economía del país.
50 STUDIA POLITICÆ Nº 64 primavera–verano 2025
tiva (Economy, 2024), y da un paso más en esta dirección al crear el Banco
Asiático de Inversiones en Infraestructura (BAII) en 2014 y el Banco de de
-
sarrollo de los BRICS en 2015. Este cambio en la política exterior signicó
un corte con la idea promovida por Deng Xiaoping que pregonaba un perl
más bajo en el concierto internacional.
La respuesta de Washington fue una política de contención, que se manifestó
con el Pivote de Asia durante el segundo gobierno de Barack Obama (2013-
2017) y la guerra comercial durante el primer gobierno de Donald Trump
(2017-2021). No obstante, si bien la administración de Obama dio inicio a la
política de contención, fue a partir de la llegada de Trump y el America First
donde se presencia un cambio de política hacia Beijing, que de acuerdo a la
hipótesis de la administración republicana, pasa a ser una amenaza para los
intereses vitales de los Estados Unidos (National Defense Strategy, 2018).
Las consecuentes políticas de Trump tuvieron un impacto directo en el vín
-
culo bilateral como en el orden global mismo, y dieron paso a un periodo
de policrisis a nivel internacional, que se profundizó con la pandemia del
COVID-19 en el 2020 y la guerra de Ucrania en el 2022.
Con estas tensiones, la globalización entró en un periodo de reajustes y dio
paso a una segmentación en la nueva dinámica global, donde su principio
rector dejó de ser la rentabilidad para dar paso a la seguridad. La fuerte de
-
pendencia y décit de los Estados Unidos con China quedó aún más expuesta
durante la pandemia del COVID-19. Las políticas encaradas por Trump, que
continuaron durante el gobierno de Joseph Biden (2021-2025), se encami
-
naron a reducir esta dependencia y el décit comercial, lo que por añadidura
signicó una intensicación en la estrategia de la política exterior de Beijing
en la búsqueda de una mayor autonomía y una mayor presencia a nivel global.
Esta policrisis se traduce, al mismo tiempo, en una –peligrosa– anarquía en
el orden internacional. Puesto que la transición de poder está en un momento
crítico, no se sabe a ciencia cierta cómo se va a dar y ni cuánto va a durar, si
es que en algún momento logra consumarse. Por otra parte, esta transición
de poder que conduce a una transición de órdenes, alimenta aún más al des
-
orden global, que a diferencia de lo que ocurrió en 1989-1991 con el n de
la Guerra Fría, no se puede predecir si mutará hacia un orden claramente bi-
polar, multipolar con tendencias bipolares o más bien permanecerá en estado
anárquico.
No obstante, podemos establecer elementos de análisis para determinar don
-
de se da esa transición y cuáles son las disputas actuales y futuras. Prime-
GONZALO GHIGGINO 51
ramente, para explicar la disputa entre Washington y Beijing, es necesario
entenderla exclusivamente como la competencia entre grandes potencias, de
carácter sistémico, donde la fortaleza de una es percibida como amenaza por
parte de la otra. Para ello, es fundamental analizar la disputa entre China y
los Estados Unidos en clave industrial-tecnológica y entendiendo la esencia
misma del orden, hoy en crisis, que emergió tras el n de la Guerra Fría en
1991.
Por lo tanto, la crisis del orden internacional no ocurre únicamente por el as
-
censo de China y el consecuente desplazamiento de los Estados Unidos, sino
más bien por las propias condiciones del orden mismo. Desde lo político, la
propagación de la democracia liberal y la hegemonía de los Estados Unidos
con su momento unipolar afectaron el equilibrio de poder en la relaciones
internacionales y generaron resistencia en muchos países. Esta propagación
estuvo acompañada por otro elemento, como lo mencionamos anteriormen
-
te, que fue la globalización económica. Esta tuvo su impulso gracias a las
políticas neoliberales en los centros, como Estados Unidos, fue favorecida
por el n de la Guerra Fría y la incorporación de nuevos mercados al capita-
lismo global, y tuvo un efecto bumerang con resultados no esperados en los
mismos centros que lo propagaron. De esta manera, se produce la paradoja
de que el mismo modelo globalizador desde Estados Unidos terminó per-
judicándolo con una fuerte pérdida de capacidad industrial al tiempo que
beneció a China al ganar peso económico a nivel global gracias a la indus-
trialización. Esto explica, en gran parte, el cambio de paradigma a nivel local
y global en los Estados Unidos, al tiempo que explica la llegada de Trump
en el 2017 y el 2025.
El rechazo al orden internacional puede verse en la política exterior de Was
-
hington, principalmente a partir de 2017 con la retirada del acuerdo de París,
las críticas a la OMC y a la OMS y demás, y deja en evidencia que el revi-
sionismo y las críticas al statu quo del orden establecido no es un atributo
inherente de las potencias en ascenso. En este sentido, ante la crisis del or-
den, el poder hegemónico puede volverse crítico al orden global si es que no
está satisfecho con él y tiene la capacidad de desaarlo (He, Feng, Chan y
Hu, 2021).
La vuelta de Donald Trump al gobierno de los Estados Unidos en 2025 pre
-
sagia un futuro de más tensiones entre Washington y Beijing. Las estrategias,
más allá de la suba de aranceles y el proteccionismo, combina una recongu-
ración tanto del comercio como de las inversiones y la producción a escala
global. En este sentido, China, al depender aún fuertemente del comercio
52 STUDIA POLITICÆ Nº 64 primavera–verano 2025
internacional, necesita alternativas que le permitan permanecer como prin-
cipal exportador de bienes y generar los cambios económicos internos para
alcanzar la modernización (Qiushi, 2024).
Por ello, ante estos cambios en la globalización, que inciden directamente en
el orden internacional, los países emergentes del sur global son una alterna
-
tiva para Beijing. De esto da cuenta la política exterior de Xi Jinping hacia
los BRICS, la ASEAN, el resto de Asia, África y América Latina. Todas las
iniciativas que China promueve, buscando incrementar su peso en el sistema
internacional con una nueva arquitectura global a través de nuevas institu
-
ciones, así como el representar los intereses de los demás países emergentes
y promover por añadidura un mayor multilateralismo, solo pueden llevarse a
cabo con un fuerte liderazgo.
No obstante, es claro que Estados Unidos y la Unión Europea no se reempla
-
zan con los países emergentes, pero pueden ser claves en la recongura-
ción económica interna china a través de la circulación dual, que busca sos-
tener y expandir su economía con un mayor consumo interno y no tanto en
el comercio exterior, tal como lo muestra el plan de estímulos de septiembre
y noviembre de 2024 (The State Council of The People´s Republic of China,
2024). El éxito y la manera en que se lleve a cabo esta reconguración por
parte de China denirá en el futuro próximo las características del nuevo
orden internacional. También incidirá el propio comportamiento del gigante
asiático, en tanto coincidan o no sus intereses con los demás países del mun-
do emergente. En este escenario de competencia global y de capacidades
estatales, la reconguración mundial será clave y tanto el aislamiento nor
-
teamericano como la política exterior asertiva de China serán determinantes.
El proceso industrializador chino y la pérdida de mercados por parte de Es
-
tados Unidos son el punto de partida para entender esta nueva competencia
global. La vuelta a la política industrial de Washington es una clara demos-
tración del nacionalismo económico promovido por Donald Trump desde
su primer mandato y es nuevamente la bandera en el segundo. Como con-
secuencia, el impacto directo de estas políticas de nacionalismo económico,
que se basan en la protección de la industria nacional vía aranceles, repercute
directamente en las cadenas globales de producción, las cuales se recongu-
ran haciéndose más chicas y regionales. De esta manera, ya no se promueve
el libre comercio, sino la producción local y la resiliencia productiva. Así, el
cambio en el orden internacional se ve potenciado por las nuevas políticas
económicas que afectan decididamente a la globalización económica y la
articulación productiva y comercial hasta ahora imperante.
GONZALO GHIGGINO 53
3. Desafíos para los vínculos argentino-chinos
Estos cambios del orden internacional, tienen implicancias directas en los
países emergentes como Argentina. Por lo tanto, se presenta el desafío de
interpretar cuales son los objetivos de la política económica y comercial
de las potencias en disputa. En esta línea, vemos dos tendencias claramen
-
te contrapuestas. Por un lado, la política arancelaria de Trump deja poco
margen para una aproximación económica que facilite la llegada de inver-
siones como la entrada de productos manufacturados. Por otro lado, ante
este panorama como venimos describiendo, China es la única que tiene la
capacidad económica y la voluntad política de profundizar sus vínculos con
los países emergentes del sur global y que pueda dar espacio a convenios
que signiquen un avance en la búsqueda de un salto cualitativo en el patrón
inversor-comercial.
En este contexto, hay que destacar que, de la mano de la globalización eco
-
nómica, se conguró una división internacional del trabajo en donde más del
80% del comercio mundial es de bienes manufacturados, en tanto que los
productos primarios representan menos del 20%. Por lo tanto, quedar fuera
de este esquema de producción manufacturero, signica prácticamente que-
dar excluido del circuito comercial y productivo global.
Figura 1. Estructura del comercio mundial (porcentaje)
Fuente: UNIDO, 2017, basado en el trabajo de Manuel Albaladejo
54 STUDIA POLITICÆ 64 primavera–verano 2025
Lo más destacado de esto es que, en esta división internacional del trabajo,
China representa, a su vez, el 30% de la producción industrial del mundo
(UNIDO, 2024) y es, al mismo tiempo, el primer exportador y el segundo
importador a nivel global, lo que representa el 27% del comercio mundial,
y la posiciona como la economía más relevante (OMC, 2021). Esto, por un
lado, dene su competencia con los Estados Unidos, mientras que, por el
otro, la coloca en una posición de ventaja respecto a los países emergentes
en especial los latinoamericanos, exportadores de materias primas y deman-
dantes de inversiones.
Figura 2. China como porcentaje de la producción manufacturera mundial
Fuente: UNIDO, 2024
Tabla 1. Principales países exportadores e importadores en el mundo (2021)
Fuente: Organización Mundial del Comercio, 2022
GONZALO GHIGGINO 55
Esta conguración ha generado un patrón comercial típico de centro-perife-
ria entre China y los países de la región latinoamericana, que ha profundi-
zado tanto la dependencia hacia el gigante asiático como un incremento de
la producción primaria en detrimento de la producción industrial. El boom
de compras de materias primas por parte de China y la consecuente suba de
precios a partir de los años 2000 generaron tanto una mayor entrada de divi-
sas como una pérdida de competitividad industrial debido a las manufacturas
chinas. Un ejemplo de ello es la caída en las exportaciones industriales hacia
Brasil por parte de Argentina en manos de China a partir del 2006 en adelante
(Svampa, 2022). Esta tendencia continuó y se profundizó con el tiempo de
-
jando a la Argentina en una situación de desventaja estructural.
Figura 3. Argentina y China: participación en las importaciones industria
-
les del Brasil, 2004-2017 (en porcentajes)
Fuente: CEPAL 2022, elaboración de Marta Bekerman, Federico Dulcich y Pedro Gaite
sobre la base de UN Comtrade [en línea] https://comtrade.un.org/
En cuanto a las inversiones, se está produciendo un cambio en el patrón visto
en los últimos años. Ahora son las empresas chinas, y no sus prestamistas, las
principales protagonistas de la inversión, con especial atención a los sectores
de las nuevas tecnologías (Lewkowicz, 2024). No obstante, las inversiones en
56 STUDIA POLITICÆ 64 primavera–verano 2025
la explotación de recursos naturales en América Latina siguen siendo relevan-
tes y en el caso de la Argentina las inversiones en el sector minero, en especial
en litio, son cada vez más relevantes. Los recursos naturales, siguen siendo al
día de hoy, uno de los principales atractivos para China a la hora de invertir.
Figura 4. IED China en América Latina por sector 2003-2022 en millones
de dólares
Fuente: Myers, Melguzio y Yfang sobre datos de Dealogic y FdiMarkets; incluye inversio-
nes F&A y greeneld.
En este escenario, es fundamental para la Argentina considerar la recon-
guración económica interna, ya que de esto dependerá también la inserción
en la economía global. Con esto, hacemos referencia a qué porcentaje de la
estructura económica se basa y se asienta en el desarrollo productivo de las
capacidades locales, y cuánto se deja al mero impulso de la tracción generada
por la explotación de recursos naturales, que sin dudas son fundamentales
para la economía mundial del siglo XXI, pero que por solas no consolidan
un entramado productivo e industrial. La necesidad de fortalecer los pro-
cesos productivos en el país, especialmente el entramado industrial, no es
una cuestión que concierne únicamente a países emergentes como Argentina,
quienes enfrentan desafíos mayores dada las características económicas pro-
pias, sino también a las principales economías del mundo.
Tal como lo demuestra el último informe del World Economic Forum (2025),
más allá de la política arancelaria, la política industrial ocupa un lugar central
GONZALO GHIGGINO 57
entre las medidas proteccionistas relacionadas al comercio. De acuerdo a este
mismo informe, “el mundo ya se encuentra en una era de política industrial,
con un gran número de barreras no arancelarias que afectan a las relaciones
comerciales” (World Economic Forum, 2025, p. 30). Ejemplo de ello es el
programa Hecho en China 2025 que signicó, luego de diez años, un salto
cualitativo en la producción industrial y el avance tecnológico. Esto la posi-
ciona entre los líderes en producción tecnológica e industrial, avanzando en
sectores claves de la robótica, los microprocesadores, la información cuánti-
ca y la inteligencia articial.
Claramente, la Argentina, con condiciones macroeconómicas desfavorables
y un tejido industrial poco diversicado, no puede competir con el complejo
industrial y tecnológico chino. Ante esta realidad, las opciones para el país
son bastante limitadas. Por un lado, está el desafío de poder afrontar los cam
-
bios en el orden global con capacidades estatales y productivas para evitar
perder terreno en exportaciones industriales. Mientras que, por otro lado,
está el desafío de diseñar estrategias para integrarse a la tendencia creciente
de cara a la nueva globalización, que con ello trae por añadidura una nueva
relocalización de las cadenas globales de producción. En esto, es clave el
concepto de friendshoring, que signica relocalizar la producción en paí-
ses amigos, y es determinante abordarlo desde una perspectiva económica
y política. Por ello, es importante comprender el signicado de la nueva ar
-
quitectura global diseñada por China y lo que signica para el nuevo orden
internacional emergente.
Argentina ya es miembro de la Iniciativa de la Franja y la Ruta desde el 2022 y
tiene una Asociación Estratégica Integral rmada en el 2014. Mas allá de ha
-
ber rechazado su ingreso a los BRICS en 2024, se puede decir que el país ya es
parte de la nueva arquitectura global promovida por China, no obstante, hasta
el momento, el patrón comercial e inversor no ha variado mucho durante este
período, manteniéndose el establecido por la división internacional del traba-
jo: China sigue siendo el centro manufacturero. Aun así, de profundizarse el
vínculo político-comercial, que facilite un salto cualitativo en las inversiones
en proyectos productivo-industriales, quedan cuestiones por resolver: prime
-
ro, si efectivamente es posible una integración productiva con China a través
de un mayor ujo de inversiones hacia la Argentina y, segundo, la posible
reacción de los Estados Unidos. En este sentido, el desafío no es solamente
económico y productivo, sino que es al mismo tiempo geopolítico.
Las tensiones geopolíticas y la seguridad son hoy, tal vez, las cuestiones
más relevantes a considerar y cabe preguntarse si efectivamente el mundo se
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reorganizará en áreas de inuencia y cooperación lideradas por las grandes
potencias. Argentina está condicionada en esta disputa dada la cercanía histó
-
rica y geográca con Washington y la dependencia económica hacia Beijing.
En este aspecto, hasta que las grandes potencias no se pongan de acuerdo y
no se reorganice el orden internacional, este estará en estado anárquico y esto
afecta principalmente a los países emergentes.
La policrisis y el cambio en el orden internacional incrementan los riesgos,
pero crean nuevos escenarios para aprovechar. Todo dependerá de los intere
-
ses promovidos en la política exterior a la hora de vincularse con las grandes
potencias, en especial con China, y dependerá también de la capacidad de
adaptarse a la nueva realidad global con el entendimiento de la importancia de
la industria para el nuevo orden que se avecina. La competencia tecnológica e
industrial será una de las características del orden que emerja y la competen
-
cia entre Washington y Beijing mantendrá al mundo en permanente tensión.
Ante esta realidad, la política juega un rol clave, sobre todo para los paí
-
ses emergentes. Las crecientes tensiones y la reconguración de la econo-
mía global traccionan un cambio en los vínculos económicos que estarán
determinados por la voluntad política, así la Argentina puede aprovechar y
apuntalar sectores de la economía que signiquen un salto cualitativo en el
entramado productivo, a través de convenios entre provincias, municipios,
instituciones y empresas. Ejemplo de ello es el acuerdo rmado por el IN-
VAP en 2022 para construir un reactor de radioisótopos medicinales (Gobier-
no de Río Negro, 2022).
Mas allá de las dicultades y las complejidades presentadas dado el contex
-
to global y en particular por las condiciones de ambos países, la Argentina
tiene potencial para desarrollar las capacidades productivas, el entramado
industrial y mejorar el patrón comercial con China y el resto del mundo al
tiempo que dene una estrategia productiva global. En este contexto, depen-
derá de la Argentina aprovechar las oportunidades en un mundo marcado por
la policrisis y reconguración del orden internacional, que deberá tener en
cuenta el rol creciente de la industria en el nuevo escenario global y el papel
de China en este.
Conclusión
Podemos concluir que el mundo en el que el libre comercio era liderado y el
orden internacional moldeado por los Estados Unidos ya no existe más. La
GONZALO GHIGGINO 59
arquitectura de la gobernanza global basada en reglas impuestas por Was-
hington ha demostrado su incapacidad para abordar ecazmente los desafíos
mundiales y ha desatado, en parte, la policrisis actual. Ahora, China es el
nuevo epicentro de la economía mundial, al tiempo que está liderando y mol-
deando el orden internacional. A pesar de las tensiones existentes en el orden
cambiante, la estabilidad generada por Beijing contrasta con la incertidum-
bre provocada por Washington.
Por otra parte, estas tensiones revelan la naturaleza del conicto, que es el
desafío de fortalecer las capacidades productivas y el rol de la industria como
de la tecnología para hacer frente a la creciente competencia ante la recon
-
guración productiva a nivel global. Así, el equilibrio de poder en el orden
internacional cambia para ser determinado por las nuevas políticas de nacio-
nalismo económico que tienen como objetivo la resiliencia y la seguridad.
El cambio de paradigma en la globalización, atraviesa todos los esquemas
productivos y afecta de manera decisiva los vínculos económicos y la geopo-
lítica global. La guerra comercial, sumada al avance tecnológico, vaticinan
un complejo escenario donde las capacidades estatales y la autonomía pro
-
ductiva denirán el éxito o el fracaso de los países en su inserción al nuevo
orden internacional y el rol que ocuparán.
Tal como se plantea en el trabajo, desde el estructuralismo y el neoestruc
-
turalismo, la nueva conguración global centro-periferia está denida por
las capacidades estatales y el poderío industrial tecnológico que marcan ya
la dinámica de la economía global y las relaciones internacionales. China al
ser el nuevo centro global, si bien puede denirse aún como país en vías de
desarrollo, es al mismo tiempo una potencia sistémica que ya es la segunda
economía del mundo y su fortaleza reside, precisamente, tanto en las capaci-
dades estatales como el poderío industrial y tecnológico, que a su vez, son la
base de su acumulación capitalista. En este escenario, el vínculo con China
se torna un desafío.
Ante esta realidad, podemos ver que la Argentina en particular, posicionada
en la periferia, cuenta con poco margen de maniobra dado que no solo la
competencia entre las grandes potencias condiciona su inserción internacio
-
nal, sino que la gran asimetría existente con China complejiza aún más los
vínculos entre ambos. Hasta el momento, más allá de pertenecer el país a
la nueva arquitectura global diseñada por China, como lo es la Iniciativa
de la Franja y la Ruta, no se ha visto un avance concreto en el aumento y
diversicación de las inversiones, al mismo tiempo que las relaciones se han
mantenido bajo la lógica de la división internacional del trabajo, donde el
60 STUDIA POLITICÆ Nº 64 primavera–verano 2025
patrón comercial es de manufacturas por materias primas. Si bien esto pue-
de resultar positivo a la hora de generar divisas, como de posicionar al país
como proveedor de minerales, energía y alimentos, no lo es si no se fortalece
el entramado productivo industrial. Además, en un contexto de tensiones, la
fuerte dependencia hacia los recursos naturales puede afectar directamente
en la economía, si por estas tensiones se produjera una fuerte caída en los
precios de los commodities.
En este caso, la Argentina tiene el desafío de encontrar el equilibrio a la
hora de vincularse con el gigante asiático, entre aprovechar su demanda de
productos primarios y apostar, al mismo tiempo, a una mayor integración
productiva que genere más valor agregado. En esta línea, tal como lo deni
-
mos, si bien el denominado friendshoring puede jugar un papel decisivo a la
hora de pensar los vínculos con China, no obstante, no parece probable en el
corto plazo dadas las tensiones entre las potencias como por la estructura del
patrón comercial e inversor chino. Sin embargo, si se pueden apuntalar los
convenios políticos a una escala más micro y también a nivel subnacional,
que favorezcan cierta integración productiva y un mayor agregado de valor
local a la hora de exportar, y así aprovechar desde el poco margen existente la
inserción global de la Argentina en el nuevo orden internacional que emerja
de la policrisis.
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